Arquíloco y Aquiles olvidados

"No se puede la vida del hombre recuperar, ni comprar, una vez pasa la barrera de los dientes"(Aquiles, Ilíada 9,408)
El escudo que arrojé de mal grado en un arbusto,
soberbia pieza, ahora lo blande un tracio;
pero salvé la vida. ¿Qué me importa el escudo?
Otro tan bueno puedo comprarme.
(Arquíloco,traducción Ricardo Sánchez Ortiz)

ARQUERO

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lunes, 25 de febrero de 2008

EL CÁRCAVO


CÁRCAVO FILOSOFÍA

1
La filosofía; debido a la mala reputación creada por algunos agentes sociales que en otros tiempos se escondían bajo ropajes extraños, y hoy día incitan a la gente a ritualizar todo lo social y antisocial, la filosofía hoy día es cosa de gentes que se creen que tienen unos derechos que no tienen; y cuando es respetada, la filosofía, es, o debido a las canas, o por su prestigio social "dedans" unas columnas muy al margen de los resortes que mueven una sociedad. Y están tan al margen que, cuando alguien se decide a impartir sin reservas filosofía, lo único que pueden hacer es mirar, mirar al gran hermano y disfrutar de lo que creen que es una comedia; bien, pues ni la filosofía es una comedia ni el gran hermano tiene competencia para representar la filosofía.
Hay que defender la filosofía a capa y espada, si no qué nos queda: ¿el ritual religioso al que nos quieren someter siempre los reformadores de la educación? Estos, que practiquen en su templo; ¿o un edificio, el de la filosofía, en donde podamos preservarnos de los repugnantes efectos de la postmodernidad, donde se instalan los que tienen "la papeleta resuelta"? Estos, que pisen más de vez en cuando el asfalto de la postmodernidad.
La filosofía nace libre, ¿recuerdas? Pues debe implantarse en un espacio libre y público ("la razón debe tener un control", Kant; ese control es de todos).
2
El superhombre no resalta su diferencia, no vive sus debilidades, las supera antes de que le afecten; si Nietzsche sufrió una enfermedad no es porque fue débil física o mentalmente, sino porque contrajo una enfermedad en cierto lugar que hoy es totalmente curable 100%. Cómo que no fue un superhombre? ¿Quién crees tú que lo fue en la historia de la filosofía? Nadie antes suyo; y eso se refiere a su cuerpo biológico; y en su pensamiento eso no es un argumento; si Nietzche no hubiera estado enfermo hubiera escrito lo mismo y mucho mas de lo mismo; tu comprend? todos acaban abriendo la mano, él no. Él es dinamita, y lo sabía, y su último libro sólo lo puede escribir un superhombre como él; no todos podemos ser superhombres, como en la película, cualquiera puede instalarse en el mercado: (Así habló Zaratustra, del hombre superior).

3
Ah! Nietzsche dijo al menos en dos ocasiones que los alemanes habían sido lo asesinos más grandes de Europa y de la cultura del renacimiento. Y la voluntad de poder no es un libro base para estudiarlo, hay muchas dudas sobre el libro y sus añadiduras.
_También se olvida que Nietzsche al menos en dos ocasiones muy importantes ataca a los alemanes, una en su último período de lucidez: “ ... una frase del esteta zuavo Vischer dio la vuelta a los periódicos como una “verdad” a la que todo alemán tenía que decir sí: “El Renacimiento y la Reforma protestante, sólo ambas cosa constituyen un todo –el renacimiento estético y el renacimiento moral” –. Tales frases acaban con mi paciencia, y experimento placer, siento incluso como deber el decir a los alemanes todo lo que tienen ya sobre su conciencia. ¡Todos los grandes crímenes contra la cultura en los últimos cuatro siglos los tienen ellos sobre su conciencia!... Y siempre por el mismo motivo, por su profundísima cobardía frente a la realidad, que es también la cobardía frente a la verdad, por su falta de veracidad, cosa que en ellos se ha convertido en un instinto, por “idealismo”... Los alemanes han hecho perder a Europa la cosecha, el sentido de la última época grande, la época del Renacimiento”[...]. También en mi caso volverán los alemanes a ensayar todo para que de un destino inmenso nazca un ratón. Hasta ahora se han desacreditado conmigo, dudo que en el futuro vayan a hacerlo mejor”. Ecce homo.
4
El vivir plenamente no depende de aceptar la propia mortalidad porque esta ya nos viene dada; no hace falta pensar en ella; es un prejuicio supersticioso malintencionado el pensar en la mortalidad; la vida plena se consigue sin pensar en el temor de dios, otra cosa que no existe; claro que si se quiere educar a un niño para que obedezca las leyes, no es necesario invocar a las normas religiosas, o hacerlo en relación al miedo. O diciendo que la noche es el contrario del día; dia y noche no son realidades en sí cada una, sino los dos aspectos de la misma realidad; el paso de la noche al día y del día a la noche, su aparición recurrente y su desaparición MUTUA, no por separado, es la base de su existencia y el contenido de su esencia, digámoslo así. Lo frío se calienta, lo caliente se enfría; no hay SEPARACION. No es que en el fondo formen una unidad sino que son lo mismo ya; estamos hablando de propiedades y condiciones, no de entes con energía independiente; diferencia y cambio en los sucesos. ¿Cómo vamos a decir a alguien, y menos a un niño, que acepte su mortalidad? ¿Acaso estamos preparando víctimas. O que? Una existencia uniforme es la que considera los contrarios por separado: o estás conmigo o contra mí. No todo es tan fácil. Tampoco Lo bueno y Lo malo se pueden sumar dando un resultado nulo o indeterminado, neutral tras los opuestos en el que todo acaba reconciliándose. En el mismo acto se ve todo el mal y todo el bien. El fragmento 62 de Heráclito nos expresa todo esto: “Inmortales mortales, mortales inmortales, viviendo la muerte de otros y la vida de otros muriendo”.

5
"Se debe seguir lo común, el sentido (Logos) es común y, sin embargo, muchos viven como si tuvieran un entendimiento propio". Esta frase de Heráclito, que rezaba en la primera página de su libro, puede ser la más importante de la historia de la filosofía,, ser racional, seguir el logos, el común; eso es lo único común: ni religiones, ni cofradías, ni partidos, etc.; ahí estamos incluidos todos; ¡hay alguien que antes de él, o después de él se haya dado cuenta de esta simpleza y sencillez de la vida humana? Está hablando de comunicación con lo universal, no con entes o espíritus privados de la teogonía practicada en las diferentes escuelas filosóficas a lo largo de la historia. Sólo Nietzsche es capaz de retomar esta senda; es una verdadera lástima lo que le ha ocurrido y ocurre a la filosofía; es como si la filosofía deseara dormir, sin memoria que, es la portadora de la continuidad del conocimiento, quedando libre el juego de los sueños arbitrarios e irracionales. Se ha perdido el nomos fundamental de la filosofía, su PROPIA constitución.
6
… que la razón haya ayudado a programar y encuadrar muertes, no quiere decir que ella sea la culpable, bien; la razón es universal y cada uno le da su uso según su naturaleza diría Aristóteles; los modernos son exaltados, o se exaltan al utilizar la razón, me da igual, eso les pasaba a los románticos y no eran precisamente ilustrados; lo del espacio de la razón es muy interesante. Y ética disuelta en estética, sí, pero Nietzsche decía que eso era una “práctica” que justificaba el mundo, precisamente para hacer pasar por alto el nihilismo; esa práctica, terrible, puesto que se puede hasta justificar un asesinato mediante esas prácticas, un asesinato asistido por el arte, provocando e indagando en la víctima, es la vía para conquistar el mundo, justificar las propias acciones mediante comportamientos copiados, para evitar responsabilidades, o creer evitarlas y acceder al resultado; pero todo ello debería ser planteado fenomenológicamente. Tarea ardua difícil y hoy día, como en la época de Husserl, peligrosa teóricamente hablando. El nihilismo se practica todos los días, pero no se ve, se provoca para rendir en las empresas, se alimenta para procrear, y se acuna para seguir con los diversos status sociales, aunque variables.
7
La realidad, la vida en general, verdad?, tiene el sentido que le dan las leyes de la naturaleza; bueno, pero ese es uno de los sentidos, que sería independiente, si Pitágoras, por ej. no hubiera demostrado su propio teorema, si estuviéramos todos desnudos.
Creo que hablar de finalidad, sin aplicar una relación, o juicio como sede de la verdad, sin referirlo a alguien , o a algún grupo, o naturaleza principio último, es hacer pura metafísica sin sentido práctico, a no ser que se diga que eso tiene un sentido último, y valga entonces para la religión por ejemplo, pero no se ha dicho nada con eso en filosofía; no te pregunto qué seres en cuanto seres son los que estudiaría esa metafísica porque si no son centauros no sé qué seres puede estudiar que no hayan estudiado ya las ciencias, incluidas las humanas por cierto; el fundamento ya lo dan la ciencias, por eso precisamente la metafísica carece de sentido. En cuanto a la matemática, no quería nivelar todas ciencias como teorías explicativas formales, según modelos hipotético-deductivos, estaba refiriéndome a su modo de hacer.
Bien; el saber científico no agota la realidad, para eso tenemos la filosofía, la filosofía porque hay cuestiones que desbordan los conceptos científicos y que están reservadas a la arbitrariedad, al parecer, es decir a pensar cada uno lo que quiera según su psicología; es necesaria y susceptible una disciplina critica que racionalice esas arbitrariedades no científicas, no para sobreponerse a la ciencia sino encontrarlo dentro de la razón; se puede pensar en metafísica al hacer una demos científica, o pensar cosas más terrenas, como en una caza o una comida; pero da lo mismo lo que uno tenga en la cabeza para hacer una teoría. Lo que importa es que eso siempre debe ser racional, si no, no es filosofía, ni ciencia; la filosofía trata de poner orden y critica esas arbitrariedades, pero no como un cuerpo de doctrina común, ahí está su diferencia con la ciencia. La filosofía no puede decir que todos los órdenes convergen en una causa primera, eso lo dice la filosofía de Aristóteles; pero Platón dice otra cosa y estamos en un puro relativismo si hablamos de LA FILOSOFÍA DICE…,por ejemplo, como se escucha a veces por ahí; el problema de la filosofía es que debe tomar partido y ese debe ser racional y no fundado en esa arbitrariedad; esta es la dificultad de la filosofía; está conjugada siempre a la ciencia como saber crítico a partir de ella; y su relación, no correlativa, supone originariamente una involucración de la que surgen diferentes esquemas de relación, pero entre ellos no sale la metafísica, los principios científicos no operan con mecanismos lógicos metafísicos; en cambio te diré que si se utilizó, y se utiliza, como recurso, pero siempre sus criterios y contenidos abstractos tenían que entrar en contexto práctico.
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El espacio de la filosofía (por Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina):
Ahora el espacio de la filosofía y cuáles son sus vértices a partir de los cuales nos salimos de la filosofía:

METAFÍSICA / NIHILISMO



POSITIVISMO / ESCEPTICISMO

La filosofía es un saber de segundo grado, crítico y racional; esto hay que tenerlo en cuanta y tenerlo presente para estudiar esos vértices:
 POSITIVISMO: actitud mediante la cual la filosofía apenas se despega de lo que es la ciencia; aquí nos encontramos en el naturalismo científico y la filosofía se convierte en un proceso lineal, evolución paso a paso donde sólo se da la síntesis.
 ESCEPTICISMO: es una actitud donde se acentúa la visión crítica y el "exceso" de actitud crítica conduce al escepticismo a veces sólo como ironía.
 NIHILISMO: actitud excesiva por el análisis; se sobrepasa el horizonte, el límite dado por los principios tautológicos que rigen el pensamiento y se llega a la nada. Es un pesimismo pasivo cerca de locura.
 METAFÍSICA: la filosofía deja de ser un saber de segundo grado y se convierte en reflexión en la que no ocurre nada; el proceso crítico–filosófico no sale al exterior, no pasa el tiempo ni se crea un espacio concreto.
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Creo que el vivir plenamente no depende de aceptar la propia mortalidad porque esta ya nos viene dada; no hace falta pensar en ella; es un prejuicio supersticioso malintencionado el pensar en la mortalidad; lo que sí se DEBE hacer en la educación, no en el templo, (y el que quiera vivir si no acepta un debe en nuestra cultura al parecer tan compleja esta metafisiqueando y además malintencionadamente, aunque no lo sepa, pero en fin habría que recurrir a los husserliana para empezar a hablar de estos temas de CREENCIA sin metafisiquear); sin un debe manipulamos mediante la relatividad cultural; vivimos en los prejuicios y el que no sepa o dude de ello nos está engañando; y no se puede obviar esa afirmación mediante orgullosos saltos de pensamientos mentales; toda filosofía es ética, claro, de acuerdo, el ethos, lo más propio de cada uno, sus prejuicios y su modo de rebasarlos o criticarlos, su educación doméstica y pública; la palabra amigo de "filosofía" impregna a cualquiera postura filosófica de subjetividad, y en esta conviven los diferentes prejuicios adquiridos que, no se superan yendo a África a ver cómo comen los masai.
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Respecto a METAFÍSICA: el inventor del término no fue Aristóteles, sino Andrónico de Rodas, director del Liceo en el siglo I a.c. Las "notas de clase" sí proceden de Aristóteles, y aquel las compiló como "los que están después, no más allá, de la física; En la mal llamada "metafísica de Aristóteles" se habla de ON-TOLOGÍA, Y ON es realidad, ese es el sentido con el que hablaban los griegos de la palabra ON, y establece los principios ontológicos; y el conflicto en ese libro viene cuando dice que los principios específicos de cada categoría no se derivan de los principios lógicos; cómo se establecen esos? Y entonces qué hace Aristóteles, no recurre al primer motor ni se anda por las ramas, sino que recurre a la experiencia e inicia un análisis de la inducción para explicarla; esta puede ser 1_por enumeración simple, o generalización desde casos individuales a los específicos y de estos a los genéricos; 2_ por intuición directa de lo que es esencial en los datos sensibles; desafortunadamente la 1 sólo es concluyente cuando es completa, circunstancia inverosímil en la investigación sobre la physis; lo que queda pues es la intuición o "visión" del especialista terreno, quien gracia a su basta experiencia es capaz de "ver más allá" de los fenómenos, penetrando en la esencia; así por ejemplo sólo el astrónomo ve, dice, que el lado brillante de la luna está vuelto hacia el sol y dice que la luna brilla porque refleja la luz solar; esto es la investigación sobre la physis; más tarde se vió que lo que Aristóteles llamó OUSÍA, es decir la forma o configuración de algo, se podía encontrar por ejemplo en la tabla periódica de elementos, que no es el libro de buda, ni una mera invención arbitraria precisamente. Sólo esa forma o configuración esencial permite ver las correlaciones causales de las meramente accidentales. Aristóteles en toda la obra pone como ejemplo paradigmático de sustancia al individuo vivo. Esta ciencia con un sentido tan moderno, filosóficamente hablando o desde la historia de la ciencia, llega al colapso al final de la edad antigua, llega a su ocaso, como dice Farrington, a una "verdadera parálisis" con las disputas en torno a la "filosofía cristiana" y religión mistérica cristiana, y su preocupación por la filosofía griega para hacerse cargo de una sociedad esclavista, mísera, con lo que llega el bloqueo total de las posibilidades de la ciencia antigua.
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Pensar la mortalidad es un prejuicio porque ya nos viene dado; es supersticioso cuando se lo relaciona con el temor de dios, que es lo más puro metafísico que los metafísicos han creído pensar cuando dicen que a dios o al temor de dios no se le puede ver, y acto seguido te hablan de muerte, pero no sigo por ahí, porque alomejor llegamos a la causalidad eficiente y a algún metafísico le guste; y es malintencionado, habría que investigar más porqué, pero lo es al relacionarlo por ejemplo con las teorías de lo bipolar, del cerebro escindido en dos, y ese tipo de cosas; porque entonces al educado se le ponen dos alternativas únicas: vivir y, o , morir; placer y ,o, dolor; morir y, o , suicidio; es decir, esa “manía” del inconsciente colectivo en separar todo lo viviente en rebaños o incluso culturas; por mucho que vayamos en el metro con gente diversa, y seamos solidarios, no veo que haya mucha mezcla, eso es un síntoma; ni hay diseminación; todos los conflictos a gran escala nos los creamos desde la idea de “grupo”; y a pesar de que cada uno tenga su modo de vivir y enterrar a sus muertos, el cristiano católico tiene una manía persecutoria de pensar en la muerte, y de creer que todo funciona a base de iniciaciones colectivas; Nietzsche los cazó muy bien a todos ellos, y a él le agradecemos por ejemplo “de los predicadores de la muerte”, en Así h. Z. los llama tuberculosos del alma: “apenas han nacido y ya han comenzado a morir y anhelan doctrinas de fatiga y de renuncia”. “Si encuentran un enfermo, o un anciano o un cadáver enseguida dicen: “la vida está refutada”. “Extienden la mano hacia las confituras y, al hacerlo, se burlan de su niñería”. Y así crean víctimas de la doctrina, para salvarse ellos, dicho sea de paso. Y es malintencionado porque al predicar la muerte están despreciando por defecto el cuerpo.
El fundamento y el origen del orden moral del mundo se nos ha expresado muy claramente a lo largo de la historia y cree tenerlo claro está la metafísica, que se cree también la escrutadora de riñones y de corazón.
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Ya he aportado información para demostrar que Aristóteles no inventa el término metafísica; por eso está a este lado de la puerta; su investigación es sobre la physis; ahora quiero aportar un texto sacado de Giorgio Colli pero con dos reseñas de Aristóteles para demostrar que el filósofo, sabía muy bien lo que era educación o enseñanza y religión: a...como sostiene Aristóteles, que los iniciados no deben aprender otra cosa, sino experimentar una emoción y quedarse en un determinado estado, evidentemente después de haber sido capacitados para eso. b ...lo que pertenece a la enseñanza y lo que se refiere a la iniciación. Porque lo primero se hace presente al hombre a través del oído, pero lo segundo sólo cuando la mente experimenta una súbita iluminación. Eso lo llamó Aristóteles mistérico y semejante a las iniciaciones de Eleusis (porque en ellas el iniciado quedaba marcado con respecto a las visiones, pero no recibía una enseñanza). (Aristóteles, Sobre la filosofía fr. 15; y Aristóteles, Ëtica a Nicómaco 1111 a 8-10; ver pág. 114-115 de La sabiduría griega, Giorgio Colli, ed. Trotta).
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Cuando alguien no le interesa de verdad la filosofía sólo habla de lo mal que va el mundo o ha ido y de cuánta culpa tienen la educación y el estado, entonces coge miedo y se retira a posiciones de otros; esta es una respuesta a ese alguien:
· …ante todo buen humor y suerte para captarlo; ya sabemos que a usted no le repite nada; (no se ofenda no es un ataque personal); en cambio siempre existe el bicarbonato; también le tiene cogido el gustillo a Dios, espero que no lo relacione también con la filosofía; no es fanático, bien; no va a hablar de Iglesia si no tiene relación crítica con la filosofía; es usted lector empedernido, fabuloso, pero además no es de izquierdas: rara avis, siendo un gran lector; creo que tampoco es místico protestante ni ultraderachista; no incordia a nadie en general, vale; tampoco es un analfabeto ni ha estudiado con la logse, por eso no es un anarquista; y parece tener una envidia sana a los ratones de biblioteca; muy bien; ¿y todo eso es filosofía? Disculpen pero me voy a ver salsa rosa, o secretos del corazón; me voy a poner al día.
P.D: disculpe amigo, esto es una clasificación a sus reflexiones sociológicas. ¿Dónde está su tema?.
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A propósito de Heráclito: en la escala de valores de la antigüedad, y para quien viva según esa escala todavía, los dioses reinan soberanamente sobre los hombres y estos soberanamente sobre los esclavos; pero la fuerza que en ambos casos produce la relación ("padre") y la domina ("rey"), es "guerra" o lucha. La lucha de contradicción ha hecho que a los dioses se llame dioses, y a los hombres, hombres; y toda la esclavitud en la antigüedad remite, directa o indirectamente, a la cautividad por la guerra; la discordia entre señores y esclavos se da en tres niveles: alimentada por la arbitrariedad, por el mantenimiento celoso de los privilegios y por el espíritu de revuelta desde abajo. Las palabras "padre de todo" y "rey de todo", aplicadas a la guerra, contradicen las convicciones morales y las invierten. El homicida y aniquilador se convierte en procreador y padre; y la guerra, negación violenta de la ley, toma de la ley el título honroso de "rey de todo" (Píndaro, fr.169 Snell).
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Me gustaría resumir a Aristóteles:
El deseo de conocer es innato, según él, pero eso no quiere decir que tengamos ya unas ideas innatas ni en la sensación ni en los genes, no lo dice en ningún enunciado. No podemos decir nada definitivo de las atrayentes palabras "innato", "esencia" si no establecemos una relación lógica material con la superficie, y si no traemos a colación los dualismos lógico-ontológicos de las "categorías"; lo único que hace Aristóteles es tratar la realidad, la superficie, mediante análisis lógicos; ni cuando habla de "dios", o el primer motor se refiere a algo definitivo, es más dice que no tiene nada que ver con el mundo, es ateo completamente.
La "sustancia" real (ousía) de las cosas, su naturaleza esencial, nos permite sacar conclusiones necesarias o, lo que es lo mismo, establecer correlaciones causales invariables. Si no decimos qué son las categorías, no se puede hablar entonces; kategoréo: decir, predicar, acusar, atribuir. "Esto (tóde tí) "de lo que" se predica una categoría es lo "sub-yacente"; lo su-puesto, el sub-yectum, sujeto, sub-stantia. Y la necesidad con que un silogismo concluye, para Aristóteles, reside en que sus términos componentes están enraizados en la estructura no verbal de la realidad, de ahí la dificultad de decir nada definitivo de la esencia en la sensación, o en la mente o en lo que se quiera; ahí si que no hay más remedio que aceptar el relativismo, y el escepticismo, porque como he dicho si no establecemos una relación lógica material en este caso con la definición que demos o con lo que sentenciemos que es la esencia, estamos imponiendo la autoridad, o simplemente insultándonos unos a otros.
Si predicamos o acusamos a alguien de algo, lo atribuimos, o bien por sí mismo (kath´auté), CATEGORÍA "SUSTANCIA" ousía, o bien por accidente (kata symbebekós),LAS NUEVE CATEGORÍAS. Ese es el dualismo.
Esos dos planos se cruzan en la noción "sustancia": primera y segunda, que corresponden a las dos partes del dualismo. En tanto que "sujeto" la sustancia primera tiene connotaciones gramaticales, mientras que en tanto "individuo" denota una realidad ontológica:
"Sustancia en el sentido primero, principal y genuino del término es lo que ni se predica de un sujeto ni está presente en él, como por ejemplo el caballo y el hombre individuales. Se llama en cambio, sustancias segundas a las especies a que pertenecen las cosas que llamamos sustancias primeras, así como a los géneros de estas especies. Por ejemplo, el individuo hombre pertenece a las especie hombre, y el género de esta última es animal"(2a).
Las sustancias segundas también son entidades lógico gramaticales en su oficio de predicados, pero cuando se incardinan en los individuos y se oponen a los accidentes, basculan hacia la ontología. La visión intuitiva del experto, dice Aristóteles, puede descubrir en los individuos contingentes,( sustancias primeras), "esencias necesarias", (sustancias segundas).
La clave de este relativismo, porque necesita de algún tipo de relación lógico-material, está en ese "autós", en la mismidad que atribuimos a la sustancia. Y la clave para saber si esa mismidad puede ser objeto de conocimiento científico, la encontramos en la física de Aristóteles, porque el ejemplo paradigmático de sustancia para él es el "individuo vivo"; dice: "Toda sustancia parece ser algo que es individual" (3 b,10).Todo lo que dice Aristóteles de la "sustancia" vale para la "naturaleza.
"No existe magnitud ilimitada alguna",1073 a; ese dios de Aristóteles, no del cristiano, queda bien claro entonces que es ateo, está tan separado de lo sensible que no lo conoce, ni mucho menos lo "crea". Esto no es tomismo, ni santo Tomás, como vemos. El modelo de Aristóteles es cósmico teleológico, la actividad del entendimiento se refiere a esto. Es algo que existe necesariamente, y así, principio, y entonces sólo podemos hablar de él según la paradoja del dualismo lógico-ontológico. Además, el estudio de Aristóteles de la "realidad divina" se caracteriza negativamente por carecer de movimiento; en los libros VI y VII de la física demuestra ese motor inmóvil en base al principio de que "todo objeto en movimiento debe ser movido por algo, si no posee en sí mismo la fuente del movimiento",242 b, y a la necesidad de detenerse en la regresión al infinito; es un postulado de cierre de la ciencia astronómica, pues lo astros divinos, incorruptibles, según creía, no tienen physis; por eso yo veo que lo curioso es que es un postulado que ha quedado para lo que hoy llamamos las pseudociencias, nada que ver con la filosofía; en cambio Aristóteles hace ciencia pura, porque en realidad sólo es ciencia y filosofía lo palpable lógica y ontológicamente, el mundo sublunar. A los mortales, a la vida en la superficie, no llega ningún efecto de ese dios.
…distinto de lo sensible no, SEPARADO DE LO SENSIBLE; no se puede comparar con lo sensible de ninguna manera, tampoco diferenciar; Aristóteles no dice distinto. No puede tener magnitud limitada ni ilimitada; es impasible, no sabe nada del mundo, no puede padecer. Y REPITO, NO TIENE RELACION CON EL MUNDO como Tomás cree que tiene su dios; de todas formas, yo siempre he creído que Tomás de Aquino en el fondo no era cristiano, pero esto es una creencia firme mía indemostrable y nadie me va a convencer de lo contrario, con lo cual mejor no hablar de ello.
Aristóteles, por sí mismo, considerándolo ya hoy parece, verdad, como una sustancia segunda en la historia de la filosofía, (prefiero decir no que soy Aristotélico, sino “soy el propio Aristóteles”, o lo que es lo mismo, intento aportar un texto de Aristóteles e interpretarlo en su obra, antes de hacer pura filología), Aristóteles “es” lo que fue en Grecia; el ateo es su primer motor, pese a quien pese, (al propio Aristóteles tal vez?), está abandonado por los dioses, y según creencia popular mueve el mundo no se sabe muy bien cómo dice Aristóteles, pero si se sabe que “es necesario” que lo primero que mueve sea inmóvil por sí, y esa necesidad queda demostrada sólo gramaticalmente en Aristóteles, puesto que no es capaz de materializar ese silogismo. Hoy sólo se puede actualizar a Aristóteles atendiendo a su compartimentación y especialización del conocimiento; por esa vía la Physis alcanza su autonomía gnoseológica. Si no hacemos esto nos quedamos con su generalización dualista: “toda sustancia está compuesta de dos principios de “ser”". Creo que Platón supera al discípulo en este punto, aunque no en el de la Physis.
................el ateo es su primer motor, pese a quien pese, (al propio Aristóteles tal vez?), está abandonado por los dioses, y según creencia popular mueve el mundo no se sabe muy bien cómo, dice Aristóteles, pero si se sabe que “es necesario” que lo primero que mueve sea inmóvil por sí, y esa necesidad queda demostrada sólo gramaticalmente en Aristóteles, puesto que no es capaz de materializar ese silogismo. Hoy sólo se puede actualizar a Aristóteles atendiendo a su compartimentación y especialización del conocimiento; por esa vía la Physis alcanza su autonomía gnoseológica. Si no hacemos esto nos quedamos con su generalización dualista: “toda sustancia está compuesta de dos principios de “ser”". Creo que Platón supera al discípulo en este punto, aunque no en el de la Phycis.
Aristóteles construyó la categoría de sustancia sobre el modelo del Ser (ov) inmóvil, del Ser que permanece en los cambios; por tanto, que los presupone: por ello, los modelos de sustancias que sostienen el sistema aristotélico son los astros inmóviles, incorruptibles. Por ello también, la "nueva astronomía" que, siguiendo la tradición jonia, reconoce la corruptibilidad de los astros, derrumba el fundamento, no ya de la Física, sino de la Metafísica aristotélica de la sustancia; si alguien defendiese que Aristóteles mantiene un pluralismo sustancial debería también caer en la cuenta de que queda en él neutralizado por el monismo de la causalidad. La búsqueda de la esencia en Aristóteles se me antoja imposible, pues es una idea cuya realidad consiste "íntegramente" en enviarse mensajes a sí misma: el Acto Puro, ipsum esse intelligere). Si no convenimos que las ideas son materiales, y con relaciones reflexivas superficiales, en una pluralidad,(partes extra partes), no se puede hablar de esencia sin caer en absurdos o arbitrariedad. El Cristianismo, según Gustavo Bueno, debería defender, en principio, la tesis de la pluralidad de los mundos. Pero, por otro lado, la tesis de la economía divina—en tanto que se apoya en la fe, en la realidad individual del Verbo encarnado— sugiere que, de hecho, sólo nuestro mundo existe. Esta era la tesis de Santo Tomás: los mundos pueden ser infinitos, pero, de hecho, sólo existe el nuestro; y éste podía ser ab aeterno, pero, de hecho, ha sido creado en el tiempo.

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Ahora veremos cómo Heráclito entiende el logos, el sentido, desde la superficie, NO COMO UN ACTO PSÍQUICO POR SÍ MISMO QUE IMPRIME A LA VOLUNTAD LA FUERZA DE HACERSE PRESCINDIENDO DE LO ACCIDENTAL; el cocimiento de ese logos, el cómo se constituye su sentido, ese movimiento no puede ser legislado aparte del mundo; pero el que está en el mundo, si es consciente, no necesita pensar en la “esencia” de su especie para hacerse hombre, no necesita pensar la superficie siquiera, sino asumirla, no necesita hacer algo que se hace por sí mismo. Porque eso ya nos viene dado de forma innata en la cadena de los cromosomas. Y ahí se enmarca el concepto de “causalidad” de Aristóteles; en su sentido ontológico, no epistemológico.
Siguiendo a Hermann Fränkel se puede decir que en la existencia individual propia, Heráclito explica ese “tan profundo es su logos”; en ella se experimenta de modo inmediato, la existencia general, en la visión y el sentimiento, en la acción y en la pasión, en la tensión de opuestos y la fuerza, NO PSÍQUICA, creadora de los cambios. Y si esa visión del alma, sentido o logos, da acceso al núcleo esencial de la realidad, quiere decirse que todo lo que no se capte con tal mirada es RELATIVAMENTE inesencial. Es inesencial la naturaleza mecánica entera que sólo se nos ofrece desde fuera; incluso el mayor de los cuerpos celestes que rige el curso regulado de las estaciones (fr.100) es un pequeño y miserable objeto si se lo compara con tal sentido, logos o alma: (3 y 45): “el sol tiene la anchura del pie de un hombre; pero tú no encontrarás los límites del alma, cualquiera sea la dirección en que camines: TAN PROFUNDO ES SU SENTIDO(LOGOS)”.
Si un hombre se tumba de espaldas y levanta su pierna puede cubrir enteramente el sol. Pero ese mismo pie, caminando, no podría llegar a las fronteras del alma, pues en el alma está, CONSCIENTE, el sentido de todo. Como todo lo que no es conocido desde fuera sino que se experimenta desde sí mismo, aunque no como acto psíquico individual, porque es común a todos, su “sentido” no tiene medidas ni límites. Para Heráclito el alma es inmensurable no por razones psicológicas sino objetivas. El alma propia, QUE NO ESTÁ SOMETIDA A ESE LOGOS, SINO QUE ES PORTADORA ACTIVA DE ÉL, nada que ver así con la cristiana, se convierte en “buscadora de sí misma”, no autocreadora y se une a él en una comprensión común de la existencia, comprensión imperfecta claro, y nada que ver con el ser puro creador. El alma, el conocimiento, desciende a profundidades sin medida, y el tamaño y el curso del sol, con toda su idea de bien externa, están definidos a conveniencia y estrictamente, y la policía cósmica cuida de que se mantenga en esas medidas (ver Ilíada 19, 418) (94): “Helios no sobrepasará sus medidas. Si lo hace, las Erinias, ayudantes de la Dike, sabrán dónde encontrarlo”; la Dike, la justicia vengadora de la religión. En comparación con el logos, el sol, la luz del mundo sensible, tiene que conformarse con un papel subordinado, por mucho protagonismo que intente tener. Homero había alabado a Helios como el dios “que todo lo ve y todo lo oye”, pero el sol es un mero fenómeno diurno; dice Heráclito: “Cómo puede uno esconderse del que nunca se pone” fr.16. Se refiere al sentido o logos del mundo, que comparado con el sol, éste queda rebasado, aunque también nunca se oculte. Es profundo, pero no es misterioso, palabra no filosófica y malintencionada una vez más.
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Partiendo de unos presupuestos morales sociales indiscutibles, se puede perfectamente renovar y modelar su aceptación para conseguir normas universales provisionales. Eso no quiere decir aceptar una verdad común de fundamentación sobre la posible ética universal, puesto que el fundamento sigue investigándose y no llega nunca a “verdad”; esta palabra se integraría en un sistema, y este es el que se busca. Hablaría más bien de normas comunes. Esa verdad existe de forma relativa, y es “crítica de la moral”, no de la ética. La ética es la crítica de la moral, un edificio donde estructurar cierta idea de verdad, relativa a esa investigación. Estructurar esa idea de verdad es arduo complicado, puesto que como sabían los escépticos, en los esbozos pirrónicos, el criterio de verdad tiene una triple investigación: el “por quién”, el “con qué” y el “de acuerdo a qué”. Casi nada.
En cuanto a la artificialidad o naturalidad de esas investigaciones o de sus resultados, creo que es un tema peliagudo. Me atengo a lo que dice Platón en Protágoras en torno a la cultura como supuesta creación humana artificial, suponiendo que la cultura sea la que crea las diversas morales, en línea con Ander y su introducción de la variable de la conciencia, diría yo, más que consciencia; dice Platón en el mito: “Protágoras (321-d):
“Pues ante la aporía, Prometeo, de encontrar salvación para el hombre, roba a Efesto y a Atenea la sabiduría técnica con el fuego; y así, se lo regala al hombre; el hombre, así, obtuvo la sabiduría acerca de la vida ; pero la sabiduría política no la obtuvo: pues ésta, la sabiduría, estaba junto al dios”.
¿Qué es la CULTURA? Es el robo, a la naturaleza, del fuego, robo de una ESENCIA, configuración, de la naturaleza, un robo muy real, no metafísico. Con lo cual la cultura es una SEGUNDA NATURALEZA, una naturaleza que pone en segundo grado las mismas leyes de la naturaleza, aquellas con las que el hombre pensó las primeras técnicas como la caza, la pesca, el uso y fabricación de instrumentos, que, sin embargo, aunque eso inició la cultura humana, esas primeras técnicas ya estaban en la naturaleza.
La cultura, la moralidad, fue entonces la naturaleza elaborada por el hombre-s, transformada por él, convirtiéndose en el primer ser que interviene directamente en los procesos naturales. Esa transformación tiene como finalidad LO ÚTIL, una remodelación de la naturaleza. Desde este punto de vista la cultura se transforma frente a la naturaleza no cambiada, frente a los animales, y es así, ANTI-NATURALEZA.

Este enfoque técnico o tecnológico es el rasgo primario originario de la cultura; hay unas leyes originarias -las que piensa la cultura- que se van desentrañando en el mismo proceso cultural mediante una lógica de actuación sobre el mundo , precisamente la lógica de la cultura. Las técnicas más elementales se remontan a más de mil siglos, y el desarrollo técnico sigue las mismas irregularidades que la evolución histórica del hombre; y el papel de los héroes, aunque parezca increíble, me parece algo olvidado hoy por todo el mundo o sustituido por las vaguedades del colectivo. Ese héroe, el individuo moral autónomo (que puede ser también un colectivo), siguiendo los supuestos con los que he empezado, es el que después de asumir los diversos prejuicios morales de su sociedad y del edificio donde conviven, es capaz de hacer tabla rasa a posteriori de las diversas normas que rigen, no los hechos o actuaciones, o delitos, sino los juicios donde se apoyan. Con lo cual parece que el orden definitivo lo es pero se desequilibra al mismo tiempo, para transformarse, sin que el desequilibrio destruya el edificio.
No me atrevo aún a hablar de conocimiento de ideas para producir una moralidad.
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Es postulado, el acto puro, como una “reflexividad originaria”.

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Prehistoria de la idea de cultura: como idea “subjetiva”. Cultura animi de Cicerón, agri-cultura en Marco Porcio Catón; estudia el uso sustantivo de la idea de cultura; antes del siglo XVIII el uso es siempre en sentido subjetivo y referido a la educación, crianza, formación. Aunque hoy podamos decir que en la antigüedad hubo un choque de culturas, creo que hay que referirlo a esa idea subjetiva o subjetual, cultura como algo sobreañadido, como un accidente, que añade los hábitos, que son cualidades que se tienen y están adquiridas por uno o por el grupo a través de uno.
La dificultad de entender, no ya la moralidad, sino la idea de cultura está en que su prehistoria no tiene formada una idea de cultura; ni Platón la tenía, ni Aristóteles; este a lo sumo habla de hábitos como accidentes de la sustancia humana que, por su naturaleza espiritual (aunque este punto Aristóteles no lo deja nada claro) puede ser determinada a través de sus actos según sus fines: educación en la paideia. Pero en su lista de categorías no existe esa idea, a no ser que lo identifiquemos con la cualidad; en ámbitos académicos, (de los otros ámbitos no sabemos nada, aunque curiosamente fueron los que fundan las bases) se hablaba de cultura siempre subjetiva, o subjetual; pero nunca decían cultura, sino por ejemplo, como Gonzalo de Berceo: “ca non so tan LETRADO por fer otro latino”; dice letrado no culto. Quevedo si ridiculiza en s.XVII a las “cultas latiniparlas”: no consideraba que dominar el latín fuera signo de convertir a una dama en persona culta.
Introducir la agri-cultura; por ahí se puede empezar a relacionar cultura e idea de hombre. En la página 34 del libro de Bueno se mantiene que en realidad, las bases, del concepto de cultura subjetiva, es el resultado de la transformación, por metáfora, de un concepto objetivo: agricultura, del verbo “colere”=cuidado, práctica, cultivo; el sujeto elabora, pero el resultado es objetivo: las huertas, los campos labrados. Los agricultores no son precisamente personas, ni “seres” que cada vez que elaboran, para recoger cada vez, también, objetividades nuevas, productos nuevos, estén esparciendo el caos precisamente. Los que piensan en el caos en este tema están instalados sobre la tierra sólo con un pie; el otro lo tienen levantado....no serían buenos agricultores; su jardín se me antoja de cemento armado; y sus plantas ornamentales alambres quejosas. Creo que están más cerca de la etología y la psicología en cambio que, tienden a separar aprendizaje y herencia.
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Aislar la teoría del eterno retorno hacia la gran moral, despachando la visión “cosmológica” es arriesgado y demasiado ajustado; porque la gran moral es la consecuencia de todos los estudios que Nietzsche hizo sobre la filosofía “preplatónica” (véase por ejemplo “les philosophes préplatoniciens” ed. de l’éclat 1994, traducción francesa, junto con la “Introducción a la lectura de los diálogos de Platón”. De ahí Nietzsche concluye que la vida es el anillo mítico siempre igual a sí mismo, sin estructura aparente; la configuración de lo que existe es imprimida en la vida misma consciente mediante la voluntad de poder, a través de las diferentes ordas de “animales rapaces, cual monstruo que retozan, los cuales dejan acaso tras de sí una serie abominable de asesinatos, incendios, violaciones y torturas con igual petulancia y con igual tranquilidad de espíritu que si lo único hecho por ellos fuera una travesura estudiantil, convencidos de que de nuevo tendrán los poetas, por mucho tiempo, algo que cantar y que ensalzar” (genealogía de la moral, pág. 47 ed. alianza). ¿Es posible decir sí a esa voluntad de poder? Sin duda, pero no justificando ninguna moral. Entonces, pregunto, ¿qué significa esa capacidad de futuro si “un equilibrio se da en la naturaleza tan pocas veces como dos triángulos iguales”?(par. 11 de “el eterno retorno”). Claro está que una cosa es decir sí a la voluntad de poder y otra justificar y decir sí moralmente a los hechos de aquellos animales rapaces.
En cuanto a la “voluntad de poder” y ese “ir más allá”, parece que requiere una fuerza infinita, cosa que no es posible en el eterno retorno; sólo añado : no hay posibilidad de ascensión infinita. Zaratustra llega a la cumbre y “mira a todas las estrellas definitivamente por debajo de él”. El tiempo es un círculo, querer el futuro es volver a querer lo pasado. El instante no es la “instancia” de la decisión en la repetición para una temporalidad transida de su finitud; no es el destino de un dasein individual en su ipseidad. “Hacia allí donde todo tiempo me pareció una bienaventurada burla de los instantes, donde la necesidad era la libertad misma, que jugaba bienaventuradamente con el aguijón de la libertad [...]. En verdad, también les he hecho ver nuevas estrellas junto con nuevas noches; y por encima de las nubes y el día y la noche extendí yo la risa como una tienda multicolor”, pág. 280 del Zaratustra, ed. Alianza, 1999. Nietzsche “acaba” con una solución cómica que desintegra todo heroísmo arcaico, única posibilidad “posible”; el arma de vida es la risa, la comedia, como una reflexión que se experimenta en sí misma.
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Discutir sobre datos científicos lo puede hacer cualquiera y con competencia; para eso están; lo que no hace cualquiere es "elaborar" esos datos en una teoría; esta competencia es propia de los mismos cintíficos; y las ideas que esas teorías revelan nunca las podrán instaurar los científicos, al menos en cuanto científicos, sí en cuanto filósofos. La conciencia filosófica, la constitución de la filosofía en la realidad, se instala además en la práctica social ética, o la práctica política, o la científica, y lo hace con sus análisis abstractos que ya han superado, y de lejos, porque los asumen y comparten, los análisis científicos; y su método es el método de construcción de Ideas pero de unas Ideas que no brotan solamente de otras Ideas, sino que se obtienen del análisis regresivo de la conciencia científica, política, "mundana", del presente, tal como nos es accesible: Análisis regresivo. Es decir, análisis a partir de la
práctica misma de los políticos, de los físicos, de los médicos,
etc., en cuanto realidad dada como un factum histórico. A pesar de esta pretensión constitutiva propia de la filosofía, vemos una y otra vez hablar a científicos con términos que no les son propios: los cibernéticos hablar de "causalidad circular", de "retroalimentación", términos que pertenecen a la ontología; los biólogos de "estructuras holísticas"; los físicos hablan de homeomería, que pertenece a la teoría de los Todos y de las Partes; y el colmo es que a esto se critica diciendo que la ontología y este tipo de análisis es anacrónico.
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Creo que en la opinión de que "La muerte es lo que asegura la presencia de un Yo pensante e inteligente: su realidad es virtual porque se da únicamente en la virtualidad mental y, además en virtud de los parámetros dialécticos de existencia y desaparición" hay una obsesión heidegeriana de entrega a una presencia inexistente de la muerte para el pensamiento porque no pone suficiente distancia en su solipsismo existencial; ahí el pensamiento tiene una solución finita, virtual, un ocaso, en y para la facticidad y afectividad del mundo: solipsismo existencial; al contrario pienso que es la vida la que se reproduce, se imita a sí misma, y sale adelante a través de otro estado inorgánico que le saca de ese encerramiento en la subjetividad de Heidegger, que toma la realidad como virtual al quedar desencantados con la vida por desaparecer; pero ahí no desaparece nada que no quiera vivir, y además exactamente de la misma forma; no hay dialéctica si no como mímesis de lo vivo que, no puede generarse si hubiera un ocaso de su predecesor. La buena imitación que es "la muerte" será la imitación fiel, semejante o verosímil, conforme, adecuada a la phisis, esencia o vida natural, de lo imitado; desaparece de sí misma sí, pero restituyendo libremente y, por lo tanto, de manera viva la libertad de la presencia lo vivo. Es una temporalización en presencia de la vida misma, no hay desaparición; hay un pensamiento inorgánico que queda sin neutralizar. El pensar está en comprender como desbordando muy ampliamente los cuadros más o menos fijados de la “teoría” del yo virtual atado a la tautología simbólica del pensar y del ser. El ser para la muere es el "genio maligno" heideggeriano. Hay un anonimato orgánico en la naturaleza que no se despacha con la muerte entendida como una finalidad mental.-

lunes, 18 de febrero de 2008

Cuarta Rotura: LA CONDICIÓN POST-MODERNA






LA CONDICIÓN POST-MODERNA

El informe que hace Lyotard sobre el saber tiene un OBJETO: la condición del saber y el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, la literatura y las artes, a partir del siglo XIX.
¿Con qué relaciona el autor ese objeto? ¿Cuál es la relación? Con la crisis de los RELATOS. La ciencia entró en conflicto con los relatos que, devienen fábulas. Podríamos añadir nosotros que se trata de lo que Nietzsche llamó la fábula de la verdad convertida en ciencia, en su libro EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS, en una conversión que se va a volver a repetir en la era informática.
La ciencia, si busca lo verdadero, o si debe ser verdadera ciencia, debe legitimar sus reglas de juego; esto se hace necesario en la era post-industrial democrática. Con lo cual la propia ciencia deviene filosofía, discurso filosófico, tal como la dialéctica del ESPÍRITU o la hermenéutica del sentido. Pero ese discurso filosófico implicaría el metadiscurso de la CIENCIA MODERNA, generando la incredulidad postmoderna con respecto a los metarrelatos.
Podríamos decir: si la ciencia busca lo verdadero y para eso debe legitimar sus reglas de juego(y para ello, a su vez, debe devenir FILOSOFÍA, discurso filosófico), al entrar en crisis el dispositivo metanarrativo de legitimación a causa de la incredulidad post-modernista: ¿cómo tiene ahora, la ciencia, que buscar lo verdadero? ¿Y cómo legitimar sus reglas?
Pero es que, a su vez, esa condición post-moderna se constituye según el efecto del progreso de las ciencias, el cual presupone así esa condición. El progreso presupone la incredulidad post-moderna con respecto a los metarrelatos. Con lo cual la propia ciencia ha adquirido la condición post-moderna; y la ciencia moderna ha entrado en crisis a partir de finales de los sesenta, debido sobre todo a la caída de la metafísica que la misma ciencia subsumía: “al desuso del dispositivo narrativo de legitimación corresponde especialmente la crisis de la filosofía metafísica”. Ese desuso tiene que ver con la indeterminabilidad de la forma lingüística, y cuando la determinamos, cuando la “formamos”, no es necesariamente comunicable.
Lyotard habla de que la sociedad actual o “la sociedad que viene” posee y emplea un recurso ante la crisis: la pragmática de la partículas lingüísticas y la institución por capas traducida a un “determinismo local” que, incluso podría ser provisional, aunque él no emplee este término.
Se nos presenta así un problema a resolver: los llamados DECIDIDORES o adecuacionistas que pretenden la conmensurabilidad de todos los elementos y la determinabilidad del todo. ¿Cómo se legitima entonces, según esos decididores la verdad científica? Optimizando, con operaciones, las actuaciones del sistema para buscar máxima EFICACIA. A su vez, esa optimización, podríamos pensar, va a depender de la creencia en la determinabilidad del todo.



Y así, vemos el EFECTO socioeconómico de la lógica decididora: menos trabajo (se hace menos y se abaratan costes) por un lado; pero por el otro más trabajo, para aliviar la carga social de población inactiva, y que se va a traducir en tiempo empleado. Es un efecto de inconsistencia: “y ya ni siquiera se espera una salida salvadora”.
Sin embargo, todo ello no acorda con la FORMA POST-MODERNA que, entra en contradicción con el resumen que acabo de hacer, porque es tan extraña al desencanto, al EFECTO, como a la positividad ciega de la deslegitimación, quedando la forma post-moderna en le aire. Y Lyotard pregunta: ¿dónde reside la legitimación de la VERDAD CIENTÍFICA? El criterio de operatividad es tecnológico y no sirve, puesto que se neutraliza; y el consenso discusivo de Habermas violenta los juegos del lenguaje, su heterogeneidad.
El saber post-moderno encuentra su razón en la PARALOGÍA DE LOS INVENTORES; y la forma post-moderna es una forma construida a base de las crisis, podríamos decir, de las diversas formas históricas; incluso se me ocurre que siguiendo la clasificación de los períodos de la técnica de Ortega: técnica del azar, técnica del artesano y técnica de la técnica, la forma post-moderna nos retrotrae, incluso transportándonos a ella, a la primera técnica, la del azar que de repente se topa con un invento que re-estructura lo que se había des-estructurado a partir de la crisis de la metafísica.

La hipótesis con la que trabaja Lyotard es la siguiente: el saber cambia de ESTATUTO al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad POST-INDUSTRIAL y las culturas en la edad post-moderna.
El saber científico es una clase de discurso apoyado en el lenguaje. La fonología, las teorías lingüísticas, la comunicación y la cibernética, las álgebras modernas, la informática y lenguajes de ordenadores, la traducción, los lenguajes máquinas y los bancos de datos, afectan al saber en dos funciones: primero, en la investigación(afectada por la cibernética y genética),y segundo, en la transmisión de conocimientos.
Así que, podríamos decir que, las nuevas y revolucionarias disciplinas que cuajaron “institucionalmente” a raíz de las necesidades tecnológicas y estratégicas del hardware militar durante la segunda guerra mundial, se pueden agrupar en torno a la CIBERNÉTICA; todas ellas confluyen en esta “encrucijada”, cuyos imprecisos límites les sirvió originariamente de refugio. Pero, consideraciones históricas aparte, todas ellas parecen compartir el mismo “espíritu mecanicista” y se hallan coaligadas por idénticas aficiones matemáticas.
Cybernetics aparecía así como un manifiesto que esbozaba las líneas generales que justificaban el nacimiento de un nuevo campo científico. Comenzaba con una exposición de una serie de teorías físico-matemáticas nuevas (la mecánica estadística de Gibbs, la teoría de las series temporales, en cuyo desarrollo había trabajado Wiener, y la teoría de la información de Shannon), que suponían una crítica radical a la mecánica clásica en base a la posibilidad de un afinado tratamiento matemático probabilista de los problemas que ésta mal-resolvía con rígidos modelos causales. Esta primera parte constituía la cibernética general o formal. La segunda parte, en cambio, ponía en conexión estas ideas con conceptos y problemas de otras disciplinas como la fisiología, la psicología, la psiquiatría y la sociología, de modo que resultaba una especie de cibernética material o aplicada. Pero no se excluía
una realimentación efectiva entre estas partes y disciplinas y se postulaba una analogía como principal procedimiento de razonamiento, en la medida en que su gran flexibilidad permitía la transferencia de modelos de un campo a otro con el consiguiente incremento en la eficacia. El objetivo central de la cibernética, desde el punto de vista ejecutivo, consiste en construir un “sistema artificial” tan semejante al cerebro humano como sea posible. Tal propósito conlleva dos categorías fundamentales de problemas: primero, problemas tecnológicos: ¿cómo reproducir mecánicamente las funciones del cerebro de manera que se obtengan los mismos resultados? Segundo, problemas técnicos: ¿qué suposiciones hay que hacer para que el modelo opere exactamente igual que un cerebro humano? Los primeros nos remiten a la creación de computadores electrónicos y al uso que físicos y matemáticos han hecho de ellos para resolver problemas científicos y de comunicación. Los segundos nos remiten al vasto tema de la “simulación”, y sobre todo, al de la “inteligencia artificial”, en los que subyace la hipótesis básica de la cibernética, tal como J.O. Wisdom la formula. Del mismo modo que en el siglo pasado la teoría de la evolución de Darwin borró las fronteras que separaban infranqueablemente al “hombre” del “animal”, en nuestro siglo, pasado ya, la cibernética pretende dar un paso más en esa dirección y borrar las fronteras entre los sistemas “vivos” y “no vivos”, entre “organismo” y “materia inorgánica”, entre biología y física; pretende extender las teorías que valen para las máquinas, al individuo y la sociedad, y hacer una simple sustitución de los términos “organización” y “gobierno” por el de control. Suele objetarse que el proyecto de captar al “hombre completo” desde las máquinas es puramente “metafísico”. El camino inverso es realizar un estudio del hombre que nos conduzca a nociones válidas para las máquinas. La cibernética transita dialécticamente ambas vías y sus investigadores han aceptado el “reto” de simular exactamente las operaciones de la mente humana. En 1950 Alan M. Turing planteaba claramente la cuestión en un célebre y pionero artículo: ¿Puede pensar una máquina? La respuesta era afirmativa. Filosóficamente hablando, la cuestión de fondo entre “mecanicismo” y “organicismo” no se plantea sobre si es posible o no simular al “hombre total” (que es una cuestión empírica), sino sobre si el “atomismo” explica la COMPLEJIDAD (natural o artificial) mejor que sus alternativas “holistas” y “estructuralistas”. En este punto hay que ubicar el fracaso de la cibernética. Por lo demás “simulación” no es “identidad”.
Lyotard propone una cuestión: ¿Puede el conocimiento traducirse a cantidades de información? Todo lo que en el saber constituido no puede ser traducido a lenguaje máquina será olvidado. Tanto productores como utilizadores deberán poseer medios de traducir lo que buscan, los unos al inventar y los otros al aprender.
En el libro de Lyotard podemos encontrar al menos cinco consecuencias alternándose las positivas y las negativas:
1/ Con la hegemonía informática se impone una cierta LÓGICA PRESCRIPTIVA con “enunciados de saber”, produciéndose, podríamos añadir, o conversiones, o inversiones o reducciones.
2/ Se puede esperar una potente exteriorización del saber.
3/ La Bildung del espíritu cae en desuso: se puede adquirir SABER sin tener Bildung, con lo que se impone, aunque esto no lo dice él, la lógica de la “MERCANCÍA INFORMACIONAL DEL SABER”, por el que se exige un precio, se produce saber para ser vendido y cambiado, o ser valorado en una nueva producción. El saber deja de ser su propio fin, pierde su “valor de uso” y se convierte en la principal fuerza de producción: CIENCIA SOBERANA que, interviene directamente en el poder.
4/ Riqueza en los mensajes y facilidad en la descodificación.
5/ El ESTADO ya no es el “cerebro” de la sociedad sino: factor de opacidad, “ruido” para una ideología de la “transparencia” comunicacional. Con lo cual nos topamos de lleno con el problema de la LEGITIMACIÓN y SUPERVIVENCIA, pero también con el del Arte y la apariencia (la estetización de la realidad y justificarla estéticamente, como decía el Nietzsche de Wagner); el Arte, se me ocurre decir, entendido de las diversas maneras históricas, todas ellas “válidas”, porque todas se van a dedicar (amén de la “consciencia post-industrial”)a esa “ideología de la transparencia comunicacional”, y con él la apariencia en que se presenta la misma información, van a adquirir un papel primogenético manejado por la CIENCIA INFORMACIONAL SOBERANA de la autonomía de los propios artistas y productores. Pero digamos que, mientras los ideólogos de la transparencia informacional comunican mediante esa apariencia, la legitimación viene dada al poner eso como “ruido” repetido en una forma científica como foro de discusión abierto basado en ¿argumentos?, haciendo o, pretendiendo hacer legítima la soberanía del saber científico y reduciendo el arte a la tecnociencia.
La misma comercialización de saberes va requerir una re-interpretación y una nueva puesta en forma, según leyes del márqueting publicitario. Con lo cual la descodificación va a ser sencilla mientras se aplica la lógica prescriptiva de la traducción del lenguaje-máquina según su soberana maquinaria simbólica. La cuestión, fenomenológica ya, a resolver es: ¿se puede comercializar toda clase de información? Dependerá de las “exigencias económicas“ y de las “exigencias estatales”; las exigencias económicas son formas nuevas de circulación de capitales: empresas multinacionales que, ponen en peligro la estabilidad del Estado, que pasaría a cliente de las multinacionales. Todo ello supone una transformación del SABER, y ya no se trata de saber o no saber, ignorancia, sino de conocimientos de pago y conocimientos de inversión: “se imaginan paralelamente flujos de conocimientos que pasan por los mismos canales y de la misma naturaleza, pero de los que unos estarían reservados a los “decididores”, mientras que otros servirían para pagar la deuda perpetua de cada uno con respecto al lazo social”, página 19.
El saber científico entra en conflicto con el saber narrativo y aborda directamente el problema d ela legitimación: “Sea una ley civil: se dicta: tal categoría de ciudadanos debe realizar tal tipo de acción. La legitimación es el proceso por el cual un legislador se encuentra autorizado a promulgar esa ley como una norma. Sea un enunciado científico; está sometido a la regla: un enunciado debe presentar tal conjunto de condiciones para ser aceptado como científico. Aquí la legitimación es el proceso por el cual un “legislador” que se ocupa del discurso científico está autorizado a convenir las condiciones convenidas (en general, condiciones de consistencia interna y de verificación experimental) para que un enunciado forme parte de ese discurso, y pueda ser tenido en cuenta por la comunidad científica”.
Digamos nosotros que la cuestión de la legitimación de la ciencia es equivalente a la legitimación del legislador ya desde Platón. El problema de la legitimación de la ciencia aparece ligado, entonces, a la legitimación del poder, tanto que, SABER y PODER son dos caras de una misma cuestión: “¿quién decide lo que es saber y quién sabe lo que conviene decidir?” Lyotard liga la cuestión del saber a la del gobierno. Y sin duda, hay que poner el acento sobre loa ACTOS DE HABLA y su aspecto PRAGMÁTICO ; hay que ir directamente a la posición de Wittgenstein sobre los juegos del lenguaje : sus reglas forman parte de un contrato explícito o no entre los jugadores; a falta de reglas no hay juego, y esas no son modificables ni pueden no cumplirse; además “todo enunciado debe ser considerado como una “jugada” hecha en un juego. Con lo que los juegos del lenguaje es un método. PRIMER PRINCIPIO que subtiende el método: “hablar es combatir, en sentido de jugar, y que los actos del lenguaje se derivan de una AGONÍSTICA general”. Eso no implica que se juegue para ganar, sino que se puede jugar para INVENTAR jugadas. SEGUNDO PRINCIPIO: “el lazo social está hecho de jugadas”, página 28.
¿En qué consiste esa agonística del lenguaje? Recurramos nosotros al pensamiento griego; se ha dicho que las aporías de Zenón siguen esperando que se las refute; si eso es verdad, el logos zenoniano representa una cima de la teoría de la razón, el punto extremo de la racionalidad griega. En tal caso se impondría la necesidad de una comparación entre esa razón destructiva y la razón constructiva, tal como la entiende la filosofía moderna. Los sabios de aquella época entendían la razón como un “discurso” sobre alguna otra cosa, un “logos” que precisamente lo único que hace es “decir” o expresar una cosa diferente, heterogénea y enigmática; posteriormente ese impulso originario de la razón se olvidó y se consideró el “discurso” como si tuviese autonomía propia (esto, ¿hasta la crisis del modernismo?); pero dese el principio la razón había nacido como algo complementario, como una repercusión, cuyo origen estaba en algo desconocido u oculto fuera de ella, que dicho “discurso” no podía devolver, sino sólo señalarlo; Cuando se produjo el equívoco habría que haber inventado una formulación nueva, una nueva estructura, adecuada a perspectivas diferentes, a una legislación que proclamara la autonomía de la razón. En cambio se siguió conservando el edificio del “logos” primitivo, que había sido sólo un arma agonística, un símbolo manifestante. Así nació la retórica, con la vulgarización del primitivo lenguaje dialéctico , y se hace igualmente agonística, pues los oyentes deberán juzgarla en comparación con lo que digan los otros oradores. En el discurso retórico el orador lucha por subyugar a la masa de sus oyentes atenienses. Mientras que en la dialéctica se luchaba por la SABIDURÍA, en la retórica se luchaba por una sabiduría dirigida al PODER, para aplacar las pasiones de los hombres, para ello emplea la palabra viva. Esta es la distinción que Lyotard presupone en el lenguaje, y en la distinción SABER CIENTÍFICO/SABER NARRATIVO. En la representación metódica del SABER hay dos modelos, según él, y dos sociedades, dos discursos sobre la sociedad que vienen determinados por el corte epistemológico que proviene no sólo del siglo XIX, sino también, como hemos visto, de la crisis que tuvo lugar en la democracia ateniense.

martes, 15 de enero de 2008

Tercera Rotura: Nietzsche y la gran ruptura III



“lo sabido no puede verse”; ESO DECÍA TOMÁS DE AQUINO; pero en su visión de “el drama musical griego” Nietzsche aproxima el origen del concepto y la capacidad de llegar a ellos en la comprensión de dicho drama y la utilización a su vez de ellos por parte de los poetas trágicos y líricos. ¿Quién si no, los poetas y cantores de la historia o prehistoria, pudo abstraer la lógica de la vida a un concepto, esos auténticos técnicos de la mente? Los cantores fueron también los que inventaron de forma originaria la misma cultura, o “agricultura”, los mismos utensilios y la propia psicología.
Hablando del dinamismo y el ritmo del drama, Nietzsche da con esa capacidad: la “conceptibilidad”. El ritmo y el dinamismo son aspectos externos de la voluntad expresada en símbolos; música como “arte de la apariencia”. Los poetas comunicaban el sentimiento del drama a través de los conceptos, y para ello mediaba la apariencia, el gesto de los actores: unos símbolos fácilmente inteligibles, visibles, y por otro lado producidos con movimientos reflejos. El efecto del gesto del actor teatral es sumergirnos en el sentimiento simbolizado, en las representaciones asociativas simbolizadas en el gesto, en las emociones de la voluntad misma para que las comprendamos mediante el sonido, mejor dicho, mediante su capacidad instintiva, la del sonido. En el gesto está el pensamiento y en la música el sentimiento. El concepto puro, la lógica pura, es un símbolo, integrado en esa armonía y voluntad del drama musical, en la forma de expresarlo con el ritmo y el dinamismo de la música que, son sólo aspectos externos de la voluntad expresada en símbolos. Nadie puede crear un concepto de la nada, sino manipulando algo en una obra de arte y poniéndolo en escena; al arte y al sonido debemos los conceptos; el arte es anterior a la ciencia y es la instancia que creó en su origen la capacidad de distinguir y designar; ahora alguien sordo de nacimiento puede llegar a esa conceptibilidad porque ya ha mediado toda la ciencia moderna y la psicología, pero en la antigüedad el sonido unido al arte fue lo que hizo al hombre actuar con conciencia de manera adecuada su finalidad. La esfera de la armonía y la voluntad, la LOGICA PURA del drama, su ensamblaje, representaba el simbolismo del mundo, no sólo del sentimiento, y es completamente insoluble dice Nietzsche si no se expresa con el ritmo y el dinamismo musical. En la obra de arte dionisíaca el hombre quiere expresarse como SER HUMANO GENÉRICO, no como individuo; con el gesto se hace inteligible el genio de la especie, pero dentro del mundo de la apariencia; y con el sonido que, representan las excitaciones más suaves de la voluntad, el ser humano resuelve, comprende, el mundo de la apariencia en su unidad originaria material que, intuye cuando el sonido se convierte en música; es decir, que no hay lenguaje sin sonido; éste, quiere expresar lo que es cada cosa en la obra, intensificando el sentimiento con el ritmo, para intuir lo que es cada cosa y cómo se configura en nuestra visión. Cuando el símbolo es un símbolo notado, entonces es un concepto que no estaba en la mente ya, sino que la propia obra nos ha traído a la memoria, una vez más mediante el juego material de la voluntad; en la memoria no hay sonido, así en el concepto queda sólo el símbolo de la representación asociativa. Una cadena de conceptos, que hay en todo drama, dan origen al pensamiento material de esos conceptos grabados en la memoria; pero no es esa cadena, PENSAMIENTO, que hemos aprehendido viendo el drama la que nos hace, según Nietzsche alcanzar la esencia de las cosas, puesto que si no bastarían nuestros genes grabados para empezar a hablar, por ejemplo, sino que ese “pensamiento” actúa como motivo, provocado por el drama, como incitación a la voluntad, pues es el símbolo notado de una apariencia de la voluntad, de una emoción; cuando en el drama interviene la palabra, si simboliza una representación asociativa creada antes en el obra, aprehendemos con ella una imagen, la epopeya; y si lo hace sobre una emoción de la voluntad, aprehendemos los sentimientos porque los simboliza mediante el juego de la voluntad, la lírica. Yo creo que esto no es “el nacimiento de la tragedia” sino el “nacimiento del concepto” en la misma realidad. Puede que esto sea algo que es difícil entender, pero lo que está claro en Nietzsche es que los conceptos son materiales; es una propuesta fisiológica, y así, originaria, no hay ningún “revelado metafísico” aquí.

martes, 25 de diciembre de 2007

Introducción a las roturas: Heráclito


Introducción

Heráclito como excusa.
La línea de interpretación que demos a los fragmentos de Heráclito debe pasar por todos lo puntos o fragmentos, por eso, cualquier interpretación aislada, a posteriori, de un fragmento, puede dar a esa interpretación un sentido distinto. Es claro que Heráclito, sin dejar de ver sus conexiones milesias, debe ser referido a coordenadas distintas de las de la Escuela Milesia, pues con respecto a aquella. Se encuentra ya ante un material de “Ideas representables” con problemas internos propios y desprendidas ya relativamente de las cuestiones categoriales (geometría, meteorología, astronomía); algunas de esas cuestiones ni siquiera las retoma o supera. Hay un lado también religioso en Heráclito que queda sin resolver en cuanto a su explicitad filosófica; es la influencia órfica e incluso en tanto discípulo de Jenófanes. Hay una “reflexión formal” sobre los atributos ontológicos de Zeus y de su relación con el mundo, y no sólo las relaciones empíricas entre Zeus y el culto profesional que le deben los sacerdotes; por eso hay un nivel ontológico y explícito en Heráclito.
No han sido precisamente los filósofos profesionales de la(s) época (s) los que han mostrado esa relación; tendemos más bien a pensar que fueron los sacerdotes profesionales los que lo intentan relacionar, como medio para ahuyentar la razón de la filosofía (hacia la teosofía), con la institución de la religión; la conexión con el orfismo lo debemos en parte a san Hipólito (s.III) en el libro IX de su Refutación de todas las herejías, donde se expresa que todas las herejías cristianas no eran otra cosa sino la resurrección de sistemas de pensamiento pagano. En ese libro habla de la herejía de Noeto, el “patripasianismo” (como el padre y el hijo son idénticos, el padre sufre y muere en la persona de su hijo). Desde la perspectiva de una estética del arte religioso antiguo, (la de san Hipólito, por cierto, o la de san Ignacio de Antioquía), perspectiva pagana, puesto que los rituales paganos no eran más que “simulaciones ante el dios”, aunque de hecho se practicaran auténticos asesinatos, esa “identidad” o “mismidad” del padre y del hijo, queda en entredicho, sólo se pudo dar una vez; el hijo, en la ontoteología cristiana de la época, no es más que un actor loco y aunque del hecho de que un padre posea las propiedades que él posee, pueda explicar que el hijo posee las propiedades que él posee, y aunque los dos puedan incluso parecerse, por eso los cristianos los confunden, eso no quiere decir que el hijo sea una imitación del padre. Por eso dicen que el padre es distinto al hijo, y sostienen, docetistas y gnósticos valentianianos, la tesis de la apariencia del cuerpo de cristo, y por tanto la apariencia de su nacimiento y su muerte. San Hipólito piensa que esta herejía es una reedición de la filosofía de Heráclito; y parece que Gustavo Bueno también, en sus Ensayos materialistas: “Es importante subrayar, en este contexto, la significación materialista del cristianismo, en su polémica contra el formalismo metafísico neoplatónico, en cuya línea se desenvolvió, p. ej., la herejía docetista. El dogma central del cristianismo, el dogma del Verbo Encamado, supone una elevación del "estatuto ontológico" del cuerpo, que deja de ser casi la nada (apariencia, principio del mal, etc.), para convertirse en una realidad positiva divinizada. El cristianismo, ya desde su comienzo, junta las dos tradiciones hasta entonces irreconciliables sobre la materia: la tradición espiritualista (cristianismo de trascendencia) y la tradición materialista (cristianismo de "inmanencia"), y aun las funde en el dogma de la resurrección de la carne, por virtud del cual el materialismo se hace trascendente. Lo que no se puede olvidar es que, en toda la Historia, al lado del cristianismo "docetista", que desprecia ascéticamente a la materia corpórea, se desenvuelve el cristianismo educador de la conciencia materialista, que predica el respeto al mundo corpóreo, como obra de Dios, y excomulga a quienes, por desprecio, se abstienen de boda, carne o vino (Canon 50 de los llamados "Cánones de los Apóstoles").” Lo que ya no dice Gustavo Bueno es porqué se recurre a la estética filosófica para justificar la trascendencia de la carne; boda, carne y vino es un ritual aparente escénico muy antiguo.
El único mito griego en donde un padre y un hijo divinos, que son lo mismo y son distintos, han sufrido pasión y muerte y resurrección –palingenesia, es el mito órfico de Disoniso-Zagreus, que es el hijo de Zeus y que, asesinado y descuartizado por los titanes, cuando de niño jugaba con un espejo, y fue resucitado por su padre. Pues bien, a este mito alude Heráclito, y lo trastoca de forma filosófica en el fr. 52: “El tiempo (Eón) es un niño que juega a los dados y de él es la realeza”. Y en el fragmento 53 dice: “los cadáveres deben arrojarse más que el estiércol”; la incineración de cadáveres era un rito órfico de purificación en orden a la palingenesia. Este es el sentido de la tesis de los contrarios. Es la reformulación del orfismo en términos ontológicos; transforma o transpone los dogmas, ritos y mitos órficos, pero no fabrica misterios, fr.14.
Hay dos momentos esenciales sen su ontología (más que nada por su aparente desconexión): 1/la concepción de la unidad de los contrarios. 2/ La concepción del devenir absoluto. La peculiaridad de su ontología es establecer esa conexión.-

lunes, 17 de diciembre de 2007

Tercera Rotura: Nietzsche y la gran ruptura II


· Nietzsche lleva a cabo una rotura con la moral unidireccional situando el plano en unas coordenadas bien diferenes a la tradicional escala piramidal; no se considera por encima los esclavos, entendiendo que todos nosotros somos esclavos; reducirlo de esa manera es arriesgado; hay que matizar un poco. Los esclavos según opinión común son los que obedecen; es muy curioso lo que Nietzsche dice al respecto; en “de la superación de sí mismo” del Zaratustra, después de comparar al pueblo, a los que obedecen, según opinión común, con un río sobre el que va flotando una barca con las valoraciones que ha puesto en ella la especie que llama “sapientísimos” (la voluntad dominadora), y que el río es el que “tiene que” llevar la barca, dice que “en todo lugar en que encontré seres vivientes oí también hablar de obediencia”; todo ser viviente es un ser obediente, dice. La cuestión de obedecer, y de estar o no dentro de esos “esclavos”, se decide en el “obedecerse a sí mismo”; el que no sabe obedecerse a sí, es al que se le dan órdenes; con esto Nietzsche convierte al que manda y da órdenes a los demás en juez, vengador, y víctima de su propia ley, por eso el que manda ejerce obediencia incluso cuando manda, se arriesga a sí mismo al hacerlo; lo que se llama libertad de la voluntad, como si realmente pudiéramos actuar libremente(véase “mas allá del bien y del mal” aforismo 19), es el afecto de superioridad con respecto a quien tiene que obedecer; por eso si existe el espíritu libre, este es el que se obedece a sí mismo, y la superioridad, no es superioridad ante nadie (manipulación hitleriana-nazi de Nietzsche), sino ante uno mismo, y se utiliza en Nietzsche para destruir la moral; sólo el fuerte, el que sabe entrar en esa dialéctica de la voluntad puede acabar con los prejuicios, no el que ha aprendido a dar órdenes, creyendo que la volición basta para la acción. Es la procedencia de la acción lo que dejamos que decida sobre el valor de ésta, procedencia derivada de una intención; se acordó creer que el valor de una acción reside en el valor de su intención, cuando para Nietzsche el valor decisivo de una acción está en aquello que en ella es no-intencionado; y dice más adelante que si alguien no se siente igual o si se siente excluido, en verdad lo está, puesto que se excluye de obedecerse a sí mismo, renuncia ahí a su voluntad de poder, pero en cambio no renuncia a la voluntad de ser señor; su acto de obedecer, no deja de ser un acto de voluntad en donde hay un pensamiento que manda; además de sentir y pensar (sólo una máquina puede obedecer sin sentir), en la voluntad como he dicho se da el afecto de superioridad, porque si no, no podríamos imponernos a nosotros mismos reglas, o simples costumbres, como la de frotarse los ojos al levantarte. Y ese afecto, guía al que obedece a otro a adueñarse de lo que es más débil todavía, “a ese sólo placer no le gusta renunciar”. Nietzsche es ya un superhombre por pensar esto, pero lo puede ser cualquiera que se atreva a pensarlo-.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Tercera Rotura: Nietzsche y la gran ruptura


Expondré ahora una pequeña lectura de Nietzsche en la que rompe absolutamente con el concepto de "salvación", empleado en al arte griego como catarsis y mostrado por Nietzsche como fundamento de la metafísica romántica.

· Mi comentario se basa en una interpretación que hace Peter Bürger; Nietzsche apela al arte como salvación, pero interpretando a su vez a Wagner, en una época en que Nietzsche "parece" seguir al maestro; digo "parece", porque si estudiamos a fondo la biografía de Nietzche yo pensaría más bien en un cumplido de Nietzsche hacia Wagner, sabiendo el propio Nietzsche lo que hacía en ese momento; bien, pues el pensamiento central de primer capítulo de el nac. De la trag. es el de la salvación. Se necesita de ella porque la verdad y el horror coinciden y hacen la acción imposible; es el arte apolíneo el que “nos incita a sobrevivir como complemento y cumplimento de la existencia”, (cita de N.). La salvación es la liberación de la “voluntad”, entre comillas porque se refiere al concepto schopenhaueriano, otro manipulador de la personalidad de Nietzsche. Todo ello desarrollado en una “hipótesis metafísica”: “El ser verdadero y el uno originario en tanto que eterno sufrimiento y contradicción necesita para su perpetua salvación de la visión arrebatadora y de la apariencia feliz”; donde nuestra existencia empírica la genera el propio uno originario, y es la apariencia. Igualmente el arte dionisiaco tiene el signo de la salvación: “mediante un sentimiento místico de unidad”, y es COPIA del uno originario: “El yo del poeta lírico resuena desde el abismo del ser”; y nos liberamos ahora de nuestra voluntad individual convirtiéndonos en médium a través del cual el uno originario festeja su liberación en la apariencia. Por tanto no cabe huir más del mundo para recuperar el mundo y la apariencia; es una teoría de la apariencia estética absoluta, fanática; la separación de lo estético de su base experimental, el sufrimiento real, hace a Nietiezsche mirar a la esencia, y cuando nos quedamos “con la fascinante apariencia dionisíaca” sin esencia, ya nos ha manipulado el uno originario. De todo ello, se sigue la pureza de la experiencia estética, la salvadora del actual mundo corrompido, o la absolutización de la experiencia estética; pero la violación de las normas también es un suceso estético, como la alegría de Nerón ante la quema de Roma. Si nos quedamos en el contexto de orientaciones normativas, el arte se convierte en moral. La provocación de una norma es sólo eso, no es una apariencia absoluta.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Segunda rotura


la metáfora del cine

La metáfora del cine ha consistido en repasar la historia del arte antiguo (cine años 10 a 30), e iniciar las cuatro fases o épocas por las que la historia de la humanidad ha pasado como mundo verdadero: El “mundo verdadero”, en sus formas, acabó convirtiéndose en fábula en cuatro fases: la primera es fase arcaica, mundo verdadero asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, él mismo es ese mundo, la vida sirve al pensamiento y al conocimiento; la segunda es fase clásica, mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso, donde el progreso de la idea se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible; la tercera es fase moderna, donde el mundo verdadero es inasequible, indemostrable, imprometible, pero, ya en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo, el viejo sol visto desde la niebla y el escepticismo; la cuarta es fase bajo –moderna, donde el mundo verdadero es inalcanzado, desconocido, consolador, obligante positivista. Ahora nos encontramos en un “mundo verdadero”, una Idea que ya no(este ya no, de la propia Idea) sirve para nada, que ya ni siquiera obliga; es una Idea refutada. Ahora resumiré un escrito de James Douglas Morrison sobre el ojo.
Una metáfora jugada en la cámara a lo largo del siglo XX; la cámara, la visión, la vista del hombre que satisface el anhelo de omnisciencia: conocimiento de todas las cosas reales y posibles realmente; se trata de satisfacción del cine empleado como mecanismo metafórico que sustituye la catarsis como efecto y simple satisfacción. Ese deseo tiene que ver con espiar lo más hondo de lo humano; “peatones entran y salen de nuestro objetivo como raros insectos acuáticos”,( James Douglas Morrison, El ojo,1968 y otros escritos). Intensifica así los sentidos; “el rifle del francotirador es una prolongación de su ojo. Mata con injuriosa visión. La cámara como Dios; es como lo poderes del yoga: tanto en la mente propia como en a mente ajena, se da una especie de unión universal de mentes, imagen de lo inaccesible: lo que cambie el curso natural el curso mental; así, lo inaccesible se hace propio y ajeno, y la conciencia del espectador, su mismo horizonte, se despedaza; y queda en el aire, para después su juicio reflexivo se vea obligado a recomponer.
La cámara se parece más al ojo que cualquier otro sentido humano, esa boca hambrienta que se alimenta del mundo; arquitecto de mundos-imágenes en competencia con lo real inaparente. ¿Porqué el ojo? Sin el tacto nos convertiríamos en trozos de madera. “Ver” siempre implica la posibilidad de un perjuicio a la intimidad, pues mientras los ojos nos revelen el vasto mundo exterior, nuestros propios espacios infinitos internos se abren a otros. Así describe Morrison lo que significa ver; lo cual quiere decir que después nuestros espacios internos serán vistos por nuestras impresiones: “Las impresiones me ven” en un proceso de identificación invertido que provoca que nuestros propios espacios infinitos internos se abran a otros. El precio de la experiencia estética.
El destino de os ojos en el sueño, se mueven constantemente, como los espectadores en un teatro. En estado anormales: drogas, locura, embriaguez, agotamiento, hipnosis, vértigo, el ojo pretende encontrar su océano, cuando la idea de océano está caduca. La imagen está grabada en la punta de los dedos, no se puede acariciar. El ojo ha usurpado autoridad a los otros sentidos, reduciendo el tacto a leves colisiones de la carne. Los ciegos copulan ojos en su piel. Es como si tuvieran en cada membrana o intersticio táctil un ojo, miles de ojos en la piel. ¿Creamos luz en el ojo? ¿Es nuestra la luz o del mundo? Parece que la luz es el mundo, es mundo. Por eso los egipcios creen que la luz la daba Osiris, uno ojo que da la luz, pero no es un dios.
La “ceguera” elevó a Saul de Tarso hasta San Pablo; ¿porqué es santa la ceguera? La alquimia ofrece al hombre un heroísmo original; Mani enseñaba que el hombre había sido creado como un ayudante por el mensajero del dios supremo de la luz, para contribuir con su vida y esfuerzos a la reunión de los átomos de luz dispersos, y por ello débiles, y conducirlos a las alturas. Ya que la luz ha brillado en la oscuridad y se ha malgastado, y corre el peligro de ser totalmente absorbida. El hombre ayudante del mensajero desacreditaba lo oscuro, el cuerpo, la luz misma del mundo, donde se malgasta y queda absorbida. Ambas cegueras, la de Mani y la de Saul, quedan así justificadas, como lo queda la historia entera del cine que, se presenta así como la salvación de la luz. Aunque es sólo una visión guiada que cualquiera puede cambiar o romper. Las misma películas se pueden ver entre paréntesis.
Tiresias, del que se dice que durante siete años se hizo pasar por mujer, encontró a Atenea en el bosque bañándose. Ella cegó los ojos intrusos.
En la penumbra la forma es sacrificada por la luz. A plena luz, la luz es sacrificada por la forma.
El ojo es una criatura del fuego.
Endiku era un hombre salvaje, un animal entre los animales. Un día en un charca una mujer le expuso su desnudez, y él reaccionó. Ese día se fue con ella para seguir las artes de la civilización.
“Arranca el ojo de un animal en la oscuridad y colócalo frente a un objeto, claro y brillante, una ventana en el cielo. El contorno de esta imagen se graba en la retina, visible al ojo desnudo. Este ojo separado es la primitiva cámara fotográfica, la púrpura visual de la retina actúa como una emulsión.”

martes, 20 de noviembre de 2007

Primera rotura


En esta primera rotura mostraré cómo Aristóteles se aproxima al arte; escribe como si tuviera a un tribunal ante sí; su reflexión rompe verdaderamente con una creencia popular, sedimentada durante siglos a través de las diversas genealogías, de que el arte, el verdadero arte, correspondía a las élites familiares; de ahí que retome primero un análisis de la tragedia, género considerado heredero de la gran épica, pues se dirige como digo a los selectos, y después la comedia, el verdadero instrumento de la democracia para educar.


El discurso trágico de Aristóteles
“ En suma: el arte o realiza lo que
la naturaleza es incapaz de terminar,
o lo imita”. FÍSICA 199-a 15.

Comentario algunos capítulos de La Poética y La Política (libro VIII).


Para Aristóteles el poeta es un imitador con lenguaje. La mímesis sólo con lenguaje es un género sin nombre; en 1447-b1 dice: “ Pero el arte que imita sólo con lenguaje... carece de nombre hasta ahora”. La asignación de nombre por parte de la gente se hace por el verso, nos dice más adelante, es decir, por la selección y colocación de palabras; así nacería la poesía propiamente como recitado, donde la esencia depende de la symmetría, la composición que, Aristóteles da tanta importancia en ésta obra. Ésta es la tejné en el arte, donde se sabe el porqué. Ahora bien, ese nacimiento de la poesía se uniría directamente a lo que dice en el capítulo 26: “ Ésta, la epopeya, es para espectadores distinguidos, que no necesitan para nada los gestos”; alude aquí al hecho de que en la tragedia, como es bien sabido, se usaban los gestos que, entrarían a formar parte íntima junto al lenguaje y el recitado; con esos gestos al espectador se le transportaba continuamente al pensamiento de la obra, y después el coro le volvería a la realidad: “ En cuanto al coro, debe ser considerado como uno de los actores, formar parte del conjunto y contribuir a la acción”,1456-a 25, el coro pondría los límites a la fantasía poética; los gestos simbolizaban el pensamiento, después de que se le hubiera dejado en el aire al espectador mediante el sonido y la música : “ Tiene todo lo que tiene la epopeya, y todavía , lo cual no es poco, la música y el espectáculo”, 1462-a 15; esos gestos, inconscientes, nos traen el recuerdo del rapsodo, de Homero que, expresa según Aristóteles la mejor forma de hacer poesía; se convierte en otro: “ ... es posible imitar las mismas causas unas veces narrándolas (ya convertirse hasta cierto punto en otro, como hace Homero, ya como uno mismo y sin cambiar”,1448-a 21. Homero traspasa la realidad en la fantasía, anulando así aquella y, convirtiendo su arte en algo aparente de lo instintivo de convertirse en otro; el placer de mirar la tragedia, ¿en qué otra cosa podría consistir más que en comprender el gesto que, volvía claras las imágenes que el poeta había expresado en el recitado por medio de los personajes? Habría que retrotraerse a aquella catarsis antigua de los rapsodos y líricos, a los cuales Aristóteles no menciona, para de aquel placer extraer algo más que nos ayude a comprender la catarsis aristotélica. Ésta tejné imitativa antigua, que Sócrates no podía definir en conceptos en el Ion de Platón (530b-530 a), es la que niegan éste; para Platón en ese momento el umbral que separa la noche del día no existía. Aristóteles ve en esa “sabiduría indemostrada”, en esa comprensión instintiva, el origen de toda poesía.
“ Los metros (las medidas) son partes de los ritmos”,1448-b 21; la base del ritmo era la repetición ordenada de forma que los elementos de la serie reaparezcan a intervalos regulares, con medida, y perceptibles; esto que se da en la música es un componente esencial en el lenguaje poético, para que los poetas creen verdaderas obras de arte; en la tejné de la poética entraría como un elemento esencial la técnica de la música que, en la Política, como veremos, dice que imita los sentimientos humanos; esto nos permite poner en paralelo la catarsis musical y la catarsis poética.
También en el capítulo 4 nos habla de la imitación: “ El imitar, en efecto, es connatural al hombre desde la niñez, y se diferencia de los demás animales en que es muy inclinado a la imitación y por la imitación adquiere sus primeros conocimientos, y también el que todos disfruten con las obras de la imitación. Y es prueba de esto lo que sucede en la práctica; (...) Y también es causa de esto que aprender agrada muchísimo no sólo a los filósofos, sino igualmente a los demás, aunque lo comparten escasamente. Por eso, en efecto, disfrutan viendo las imágenes, pues sucede que, al contemplarlas, aprenden y deducen qué es cada cosa, por ejemplo, que éste es aquél; pues, si uno no ha visto antes al retratado no producirá placer como imitación, sino por la ejecución, o por el color o por alguna cosa semejante. Siéndonos, pues, natural imitar, así como la armonía y el ritmo, (...), desde el principio los mejor dotados para éstas cosas, avanzando poco a poco, engendraron la poesía partiendo de las improvisaciones”. El instinto de imitación fue la primera forma de conocimiento, asociada íntimamente al placer como forma de conocimiento en la poesía. El placer estético de Aristóteles es el placer como imitación; esto no significa mera contemplación de la visión, sino ver el arte que hay ahí, como mirada de conocimiento que implica además placer; aprender mediante lo agradable de la imitación. Ésta forma de aprender está basada finalmente en la visión; ésta identifica al ver la imagen y decir: éste es aquél. Por la visión pasamos de qué es al esto es, pero como alguien que recuerda, no como alguien que ve por primera vez. El poeta así aprende recordando y por instinto, con el placer que la imitación produce, pues “ nadie nace dotado de seriedad”, como dice más adelante.
Ahora bien, ¿cuál es el proceso psicológico que Aristóteles está suponiendo? Es el proceso que actúa en el espectador: “ Además, puesto que lo bello, tanto un animal como cualquier cosa compuesta de partes, no sólo debe tener orden en éstas, sino también una magnitud que no puede ser cualquiera; pues la belleza consiste en magnitud y orden, por lo cual no puede resultar hermoso un animal demasiado pequeño(ya que la visión se confunde al realizarse en un tiempo casi imperceptible), ni demasiado grande (pues la visión no se produce entonces simultáneamente, sino que la unidad y la totalidad escapan a la percepción del espectador, por ejemplo, si hubiera un animal de diez mil estadios); de suerte que, así como los cuerpos y los animales es preciso que tengan magnitud, pero ésta debe ser fácilmente visible en conjunto, así también las fábulas han de tener extensión, pero que pueda recordarse fácilmente” 1450-b 34-1451-a 6; la visión o la audición (en el capítulo 14 afirma que el efecto de la tragedia surgiría sólo con leerla o escucharla), conforma la memoria; debemos ver actuar y que no nos extravíen la visión en la memoria con algo desmesurado. De esa manera el poeta debe conseguir que la unidad y la totalidad no escapen a la percepción y que puedan así recordarse; en un segundo paso, la memoria recuerda lo que ha visto y se forma una visión no extraviada; se trata de que la memoria recuerde algo no desmesurado; el poeta debe componer a escala humana; esto es para Aristóteles el tamaño óptimo, y lo pone en paralelo a un organismo vivo: la tragedia organizada de tal manera que tenga algún tipo de relación con el hombre, con su memoria, pues de entre las ideas son más vivaces las que pertenecen a la memoria que las de la imaginación, y supone Aristóteles las ideas como copias en la memoria para un efecto que, de otra manera sería imposible; llevar las ideas internas que están en la tragedia a la memoria del espectador, y que nada se pierda en la imaginación; ésta es la necesidad que Aristóteles pone en la tragedia; necesidad en la composición para un efecto determinado; mediante esa necesidad se salva a las ideas de caer en error al llevarlas a la memoria o al pensamiento; el error podría venir para el espectador si, por su cuenta, riesgo y medida lleva las ideas al pensamiento sin mediar la obra de arte trágica; con esa estructura y composición, con la symmetría clásica, no hay peligro. La idea y la realidad quedan acopladas en la copia trágica. La realidad del arte y, la realidad misma no quedan modificadas, sino reflejadas necesariamente por medio de la copia; la forma y la materia plenamente acopladas; la forma no llega a ser comprendida por el espectador, a no ser que éste sea culto. La realidad es doble y el arte consiste en crear otra realidad paralela, verosímil. Se trata, no de que el espectador tenga una impresión subjetiva al ver eso, sino que la impresión es interna a la tragedia; el espectador, inconscientemente, se descarga de eso que ve ahí, como efecto calculado.
En La Poética el plano esencial es semejante al plano fenoménico, que se resuelve en la mera composición; el potencial de la tragedia es la acción representativa y la forma artística es la forma estilística. Si el efecto se pudiera trasladar al exterior, en el sentido de que la propia composición lo permitiera, desmarcándose del plano esencial, se podría interiorizar el pensar del sujeto y lo que se ve; la pasión daría paso a la reflexión; en cambio, de lo que se trata es de un remedio medicinal: su labor consiste en extraer pasiones como quien extrae muelas, para que éstas no duelan, la labor de ir al teatro se convierte en purificarse de dolores; el efecto sale disparado al quedar el espectador en suspenso viendo eso con temor, y como algo que da naúseas. Es como cuando los niños meten el dedo en un enchufe: se les ponen los pelos de punta y se produce una descarga necesaria, para que el cuerpo mantenga su equilibrio biológico.
Una especie de deleite al ver las pasiones bien imitadas es lo que le hace al espectador purgarse de las mismas; al ver acciones horrorosas y tremendas se sobrecoge y se lo piensa dos veces antes de dejarse llevar impetuosamente por las pasiones; al ver fuera de él eso, lo adscribe a un origen ajeno y de ahí vendría el alivio. La tragedia, como dice Charles Batteux[1], “Quita ese grado excesivo o esa mezcla de horror que nos desagrada. Aligera la impresión y la reduce al grado y a la especie en que ya no es más que un placer sin mezcla de dolor, porque, a pesar de la ilusión del teatro, en cualquier grado que la supongamos, el artificio cala y nos consuela cuando la imagen nos aflige, nos tranquiliza cuando la imagen nos aterra”.
Sobre el muJoV, fábula, alma de la tragedia, Aristóteles lo exige con dos palabras:
sunJesin y sustasin, 1450-a 5 y 1450-a 33; es decir, como composición y como estructura de hechos. La tragedia debe ser una fábula con síntesis y con sintaxis; una fábula que se dice en tono retórico con vistas al espectador.
Se podría hacer un cuadro de semejanzas como el siguiente:


Mímesis // Symmetría ---[ efecto del arte

Naturaleza // Realidad ---[ apariencia del arte

El arte es imitación de tres cosas: fábulas, caracteres (hJh) y pensamiento, compuestos y estructurados de determinada forma, que no aspira a la verdad sino que eso debe ser verosímil, parecer verdad; la naturaleza, de donde nace la raíz con la que el poeta imita, representa la realidad y se descarga de ella reconociéndola, provocando la apariencia del arte. El placer del efecto está en contemplar eso verosímil. De éste esquema saldrán, como veremos dos conclusiones fundamentales: por un lado la symmetría está en las manos de la mímesis, pero, por otro, la mímesis quedará en manos de la symmetría. La imitación brota así de la naturaleza misma que, mediante el poeta descarga la realidad al reconocerla, con un producto verosímil, por eso la symmetría quedará en manos del poeta; y al imitar éste sólo esas tres cosas, los debe estructurar y componer de determinada manera para que se produzca la descarga. Con lo cual la mímesis y la symmetría quedan simbolizados en el poeta. Éste, no inteviene en la realidad para hacer sus obras; ni siquiera se inspira en ella; si llega a ella lo hace indirectamente, después de todo el proceso mágico-compositivo, pues todo sale en las tragedias según una necesidad divina: unas veces, como en Los siete contra Tebas el dios favorece una solución hacia lo común, a costa de sangre antigua; otras, el dios se venga con la maldición, como en el Edipo Rey; y otras, como en Las Bacantes, triunfa permitiendo un mundo desacralizado y sofisticado.
“ Y puesto que la imitación tiene por objeto no sólo una acción completa, sino también situaciones que inspiran temor y compasión, y éstas se producen sobre todo y con más intensidad cuando se presentan contra lo esperado unas a causa de otras; así tendrán más carácter maravilloso que si se produjesen de azar o fortuna”, 1452-a 1. Para Aristóteles lo inesperado puede provocar impresión; y la necesidad, retrotrae al espectador a la compasión y temor, ese impulso que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido, el del derrumbe (infortunio) o el de la gloria (dicha) para el héroe, y el del temor y la compasión para el espectador. “Aún sin verlos, el que oiga el desarrollo de los hechos, se debería horrorizar y compadecer por lo que acontece”, dice en el capítulo 14. Así debe estar construida la fábula. Y luego sigue: “El poeta debe proporcionar por la imitación el placer que nace de la compasión y el temor”. La composición imitativa que Aristóteles exige del poeta es plenamente idealista, basada en la necesidad y la identidad del todo; la enorme tensión que se vivía al ver esa necesidad se descargaba luego en compasión y temor de los que están en guerra; así es como los griegos encontraban la tregua de sí mismos; su necesidad depende de una cosmovisión consistente en producir una totalidad óptima para superar el aislamiento y la desesperación; en esto consiste su discurso trágico. Es la institucionalización del arte: un ámbito social en el que se puede generar un sentido, aunque la sabiduría del poeta siga estando indemostrada.
Finalmente veremos cómo la tragedia está hecha para la masa más vulgar, y cómo es un arte hecho para los “menos distinguidos”. En el último capítulo Aristóteles, comparando la epopeya y la tragedia dice que la que imita todas las cosas es vulgar; ésa sería la tragedia que, “ todo lo dice y pone ante los ojos del espectador, y no narra como Homero”. La tragedia será para espectadores menos distinguidos, serían los que oyen música de flauta: “ la flauta no es un instrumento moral”, Política 1341-a. Y sigue después, en el último capítulo de la Poética diciendo que lo vulgar será inferior, acusación que afecta no al arte del poeta sino del actor; éstos son los que con sus actuaciones vulgares la pueden hacer inferior a la tragedia, y a continuación parece que cambia las tornas y da a entender que la tragedia, como se parece mucho a la épica no es vulgar; la relación de la épica y la tragedia es la que expresa la máxima: “ los buenos viejos tiempos son los mejores”, como la tragedia viene después es inferior; es decir, Aristóteles diría que la opinión general puede que sea que la tragedia es menor y más vulgar, pero dado que la calidad de la tragedia puede verse sólo con leerla, tiene todo lo que posee la epopeya y, además música y espectáculo, y es menos extensa, cumple su fin mejor y las epopeyas tienen menos unidad, aquella es superior.
Pero, volvamos a retomar el asunto del poeta; en 1454-b 15 dice: “ Obsérvese pues éstas cosas y además las relativas a las sensaciones que forzosamente acompañan al arte del poeta”; si tomamos aisJhseiV como sensación subjetiva, propia del poeta, según su carácter, que él aporta sin reglas, y que pueden moldear la semejanza de la fábula, entonces la sabiduría del poeta griego es la del arte primitivo griego, donde el artista sería algo así como lo que dice Arístides Quintiliano (ss.II/III) sobre ese arte primitivo de los griegos[2]: “ Ya los antiguos sabían que el canto unos lo practican cuando están de buen ánimo, cuando experimentan placer y alegría, otros cuando están melancólicos y tristes y otros, en un estado de divina embriaguez o éxtasis religioso”. Eran, esa cuatro modalidades, una expresión de sentimientos que, combinados con la symmetría aristotélica, nacería la obra de arte. Pero admitiendo esa hipótesis la catarsis sería doble: desfogue de sentimientos del propio poeta y desfogue de los espectadores. ¿No tendrán relación ambas clases, o conexión entre ellas? Dado que Aristóteles divide a los espectadores en dos: “ ... ya que el público es diverso: de un lado el libre y educado, y por otro el vulgar, compuesto por obreros manuales, campesinos y otros por el estilo, hay que ofrecerles también a ellos competiciones y espectáculos para su recreo”, 1342-a, quizás la catarsis del poeta sólo la experimentase el público más libre y educado. Por tanto el placer depende de la clase de público. Si el público es educado el desfogue del poeta pasaría como si de un imán se tratase a ese público. Arístides, respecto a aquél arte primitivo, afirma que a un nivel de cultura inferior sólo los que bailaban y cantaban experimentaban alivio y satisfacción a través de la danza, mientras que a un nivel intelectual más alto lo experimentaban también los que presenciaban la danza y el canto. El papel del teatro en Aristóteles lo desempeñaba originalmente la danza. Pero en La política Aristóteles respeta tanto a un público como a otro.
En cuanto a la educación recomienda, en La Política, melodías de carácter moral , el modo dorio, modo representativo de la prudencia. En cuanto al vulgo menos culto recomienda que, igualmente se les permita disfrutar con su placer mediante concursos musicales acorde con su tipo de armonía y carácter: “...En las melodías, en sí, hay imitaciones de los estados de carácter” 1340-a final; puesto que “en todos se operará cierta purificación, y se sentirán aliviados con placer”. Toda clase de gente, según una medida que les es propia por naturaleza, están afectados, dice más arriba, por la compasión y el temor, o en general por cualquier pasión; la prudencia no elimina pasiones, pero una buena educación, en la medida precisa, se podrá gozar de las buenas melodías y ritmos de tales pasiones, puesto que: “ ... la emoción, que afecta intensamente a algunas almas, la pruducen todas (las melodías), pero con diferencias de intensidad, es decir, tanto la compasión y el terror como también el entusiasmo” ,1342-a. Se trata de nuevo de la medida óptima. La educación mediante la música es posible porque somos afectados en nuestro carácter por la música.
Para terminar, decir que quizás corrobore la hipótesis de la catarsis doble éste texto de La Política 1339-b a propósito de la pregunta que hace respecto a ¿por qué aprender la música personalmente en lugar de gozar de la ejecución ajena? ( Después, como hemos visto, dirá que porque imita los sentimientos): “ Podemos observar la imagen que tenemos de los dioses. No es Zeus en persona el que toca y canta la cítara según los poetas. Y nosotros consideramos gente vulgar a los que tienen tal oficio y pensamos que tal cosa no es propia de un hombre a no ser que está bebido o bromeando”; ¿qué quiere decir Aristóteles aquí? Se podría interpretar ahora diciendo que esa opinión común que se tenía de aquellos poetas primitivos, alomejor algunos no eran tan vulgares y harían cosas propias de hombres; con lo cual la poesía, admitiendo todo lo dicho hasta ahora y llevándolo al poeta trágico, igual que la música, ofrecería un placer natural con doble efecto: descarga o desfogue del poeta, en el sentido visto antes, y descarga de la compasión y el temor:
“ ... la música ofrece un placer natural y por eso su uso es agradable a gentes de todas las edades y caracteres”; 1340-a; “ la música es por naturaleza, una de las cosas placenteras. Además, parece que hay en nosotros una cierta afinidad con los ritmos y armonías”, 1340-b. Pero para poder tener un juicio estético es necesario, al menos en una determinada época de la vida, ejecutar la música e identificarse con ella, no vale con mirar; hay que hacer un esfuerzo reflexivo, y la identificación es siempre a través de una copia.
Parece entonces, pues, que Aristóteles da carácter autónomo a las dos clases de poesía que, colaborando crearían la obra de arte trágica, para la cual se necesitan dos cosas: una expresión natural del hombre, la catarsis antigua, algo así como una mediación instintiva del sonido, y el lenguaje conceptual de la symmetría. La tragedia sería aquí la armonía de los opuestos de Heráclito: “ Que lo opuesto es lo conveniente y que la más hermosa armonía procede de lo que difiere y que todo sucede según discordia”.
[1] De la edición de Gredos: edición trilingüe de García Yebra,Valentín, Madrid, 1974. pág.370. Edición usada para los textos.
[2] Tatarkiewich, Wladyslaw. I.La estética antigua. Madrid.1987. Pág.22.